Geometrías

«Muchas de mis pinturas resultan difíciles de explicar, ya que parecen surgir desde lejanías desconocidas».

Esta frase recuerda a una de las ocasiones en que Pablo Picasso, al ser cuestionado sobre una de sus obras, compartió esta idea con un comprador de arte. En ocasiones, también me encuentro con una sensación similar al intentar descifrar el origen de muchas de mis composiciones fotográficas.

Mi travesía en el mundo de la fotografía comenzó en 2002, y apenas unos meses después, como recompensa tras ganar un certamen municipal, adquirí varios libros sobre esta disciplina. Una de esas obras, que dejó una huella profunda en mí, fue «GRUPO AFAL 1956-1991». Algunos de ustedes tal vez estén familiarizados con este colectivo de talentosos fotógrafos, pero es posible que para la mayoría sea un nombre desconocido. El Grupo Afal (Asociación Fotográfica Almeriense) nació en Almería bajo la influencia de Carlos Pérez Siquier y José María Artero. Esta agrupación estaba compuesta por jóvenes fotógrafos de Andalucía, Cataluña, País Vasco y Valencia. Cuallado, Gomez, Masats, Maspons, Miserachs, Ontañon, Perez Siquier, Schommer y Terre revolucionaron la fotografía española gracias a los temas que exploraron y a la modernidad de sus enfoques. Sus novedosas obras eran presentadas en su afamada revista AFAL. Muchas de las fotografías que aparecen en este libro residen y forman parte de mi memoria visual.

Ramón Masats, premio nacional de fotografía en 2004, logró capturar en 1988 la instantánea que a continuación os muestro. En repetidas ocasiones, intenté emular esta imagen en diversos pueblos de la Almería rural, pero naturalmente, nunca la conseguí. La toma fue realizada en Olvera, una localidad gaditana, y exhibe una composición de cuadrados de distintos colores que pertenecen a diversos planos dentro del paisaje. Una fotografía desprovista de artificios que demuestra el poder creativo de una mirada fotográfica excepcional.

La imagen que elegí para revelar su historia fue tomada en Islandia en 2014. Los caballos islandeses, con su singularidad, a menudo se convierten en un atractivo irresistible para aquellos que exploramos este mágico lugar. En esta ocasión, decidimos detenernos en un entorno verdaderamente encantador, donde la belleza de un pequeño lago y la imponente grandeza de una montaña nos capturaron por completo.

Desde el principio, tuve una certeza clara: no deseaba obtener la típica fotografía postal de los caballos. Por eso, me sumergí en la búsqueda de una perspectiva que fuera completamente única y distinta. Comencé a descomponer las diferentes partes de los caballos, fusionándolas con el paisaje que nos rodeaba. Tras un período de exploración y experimentación, finalmente se gestó la imagen que ahora contemplas.

En esta fotografía, la crin de uno de los caballos se entrelaza con la majestuosa montaña en segundo plano y el cielo expansivo, todo ello configurando una atractiva composición de triángulos. Fue así como conseguí capturar no solo una porción del hermoso paisaje, sino también evité lo predecible, sumergiéndome en una interpretación mucho más enigmática y única.

Muchas de nuestras composiciones fotográficas tienen raíces profundas. Las experiencias que acumulamos a lo largo de nuestro aprendizaje moldean nuestra mirada y la manera en que capturamos la luz. En ocasiones, este proceso es totalmente consciente; otras veces, ocurre de forma casi instintiva. Tras una profunda reflexión sobre la idea y el origen del juego de triángulos en la imagen de los caballos, ahora veo con claridad que aquel día fui hechizado, incluso sin ser consciente, por la mirada geométrica de Ramón Masats.

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